Objetivo de la ciencia

Y ahora que os he dicho lo que es nuestra ciencia y cómo podréis obtenerla, me queda indicar, para concluir, cómo deberéis emplearla.

Es una noble idea de Aristóteles que: el saber es un fin en sí mismo, debemos buscarlo aparte de todo provecho personal. Y, en efecto, vos lo sabéis, mi hermano, no podríais someter la investigación científica a ningún pensamiento de lucro ni, incluso, de honor mundano sin faltar gravemente a los principios fundamentales de nuestra Orden. Os debe gustar la ciencia por ella misma, por los goces tan puros que nos proporciona - goces que no dejan pesares-. Os debe gustar porque da calma al espíritu y paz a la mente, porque os hace encontrar la felicidad en la conciencia misma de su fuerza.

Y sin embargo es posible encontrar en la ciencia un fin más elevado todavía. Procurar el propio bien es legítimo, procurar el bien de otro es meritorio. Y eso es lo que la ciencia os permite cumplir. La ciencia, en efecto, es esencialmente comunicable; se transmite sin aminorarse, hasta parece fortificarse en aquel que la poseía por su propia transmisión.

Dad, pues, ampliamente a otros, mi hermano, la ciencia que vos poseéis; enseñad lo que sabéis, es el mejor medio de aprender más. Instruyendo a vuestros semejantes, como es el deber de todo iniciador martinista, pondréis un poco más de alegría en su corazón y en el vuestro propio, colaboraréis en la obra eterna de Dios.

 La verdadera grandeza de nuestra ciencia, es que ésta permite hacer el bien.

F 8e.Revue L’Initiation, 18e. volume, 6e. année, n° 5, février 1893.

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