Historia

El « Martinismo » es una corriente de pensamiento cuyos orígenes son realmente tan antiguos como la Tradición a la cual se halla estrechamente ligada y que a influido en toda la cultura mediterránea.

Louis Claude de Saint-Martin (1743-1803), bajo la égida del cual ha sido fundada la Orden Martinista, era un teósofo. “La Teosofía” es la doctrina cristiana de los siglos XVI y XVII, tanto popular como mística, erudita y filosófica, representada por Paracleso, Bohëm, Weigell, Fludd, etc. que se caracteriza por la reflexión analógica o iluminación interior, experiencia espiritual y las nociones de: emanación, caída (pecado) original, androginia, sophía, reintegración, aritmosofía y, sobre todo, de doble fuerza.” (A. Faivre, Enciclopedia Universal, t. 15).

En España, podríamos citar a Juan de Ávila, Juan de la Cruz, Teresa de Jesús, Ibn Al Arabi, el Abate Marchena, entre otros.

La Teosofía (no debe confundirse con la Sociedad Teosófica de 1875 de H. Blavatsky) se desprende de iglesias constituidas que, a menudo, soslayan cuando no ignoran, ciertos puntos de doctrina o de praxis. La Orden Martinista, sin descuidar la búsqueda de documentación, no se siente limitada por la historia. La historia constituye un encuadre, el cual, por sus inevitables lagunas, se presta a manipulaciones y puestas a punto, hechas a medida que nuevos documentos confirman o desacreditan las antiguas hipótesis.

La Orden Martinista toma sus fuentes en las estructuras ocultas entre las grandes líneas de los movimientos de pensamiento avocados a la contemplación, la paz de espíritu. A instancias de los antiguos alquimistas, para alcanzarlo propone “laborare et orare”.

Ciertos buscadores* no han dudado en dar come fuente de este movimiento a la cofradías herméticas del siglo XVI. Robert AMBELAIN, por ejemplo, cita la Orden de los Hermanos de Oriente, que habría sido fundada en Constantinopla en 1090, y que hace remontar su genealogía hasta las corrientes gnósticas alejandrinas de los siglos I al V. Tales orígenes son avalados por otros tantos autores, pero las únicas fuentes que podemos certificar sin temor, son aquellas que nos refieren los documentos que pueden ser autentificados verdaderamente, así como la viva tradición de la Orden.

  • Empleamos la palabra “buscadores” en lugar de la más popular investigadores, porque creemos que esta palabra se adecúa mejor a la idea que queremos dar de persona que está en eterna búsqueda espiritual.

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