El Hombre Nuevo

Hombre,

El hijo más pequeño,

El benjamín de los seres celestiales,

Fuiste creado, por el Verbo, de la Luz,

Con toda la belleza y esplendor

En tu cuerpo de Gloria.

 

Hombre,

Hubo una batalla en el cielo.

Tu destino era reconciliar

A los seres celestes,

Reconducirlos al Creador.

Posees los maravillosos dones de la chispa divina.

Que oscuros pensamientos atraviesan tu mente?

Te sientes fuerte y poderoso

Y la soberbia se hace dueña de tu espíritu.

Que pronto olvidaste tu misión!

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Y el Verbo se hizo carne

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“En el principio era el Verbo. Y el Verbo estaba junto a Dios. Y el Verbo era Dios”

Esta frase enigmática está al principio del Evangelio de Juan, la cual está puesta para introducirnos, no en el principio, puesto que no hay principio para el Verbo de Dios, sino en el principio mismo, en la esencia divina.

En el seno de su eternidad, sin principio ni fin, Dios se manifiesta a sí mismo por el Verbo, por la palabra. Aquella palabra que Moisés escucha en el desierto de Horeb como un débil eco: “Yo soy el que soy”.

La palabra es el Dios mismo que en esta frase toma posesión de su Superconsciencia. El Orador y la Palabra son la misma cosa y de ellas. consubstanciales en la Unidad trascendente, surgen inmediatamente y sin solución de continuidad, la Luz y el Amor; la Luz del entendimiento divino y el amor de Dios por su propia esencia. De esta forma, antes del comienzo del tiempo y del espacio que sí tienen un comienzo, antes de la división indefinida del Universo que también tiene un comienzo, antes del comienzo de los diferentes fenómenos causales o casuales, fulgura la Tri-Unidad Hipostática.

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